Hasta yo me pregunto cómo puedo aguantar el tipo en momentos así.
Estaba a las puertas del reformatorio de Sankt Fremont, en Alemania. Uno de los guardias me hizo señales de que entrara. Le hice caso sin ningún problema. Cuando estés a punto de cruzar la puerta, haz marcha atrás, pégale una patada en los huevos al guarda y márchate corriendo, me decía mi subconsciente mientras iba avanzando.

- ¿Nerviosa? –preguntó el avispado escolta, esbozando una sonrisa algo maliciosa.
- No del todo. –contesté, sin tan siquiera mirarle a la cara.
- Pues es como para estarlo, y aún más viendo tu espeluznante currículum, jovencita. Asesinato, robos, palizas, drogas, okupación… ¿qué te queda por hacer?
- Hacer que se calle la boca, señor.
- Muy simpática. Supongo que, ahora que no tienes casas con las que hacerte la okupa, no intentarás usurpar las habitaciones de los internos…
- No es mala idea… ya me lo pensaré.
- Más te vale que no lo hagas.

Estuve durante un buen rato pensando cómo diablos me las arreglaría para escaparme, pero el maldito gorila al que le había tocado acompañarme en el juicio final me agarró de una manera exagerada, a veces incluso un poco irritante (olía a JB y a sobaco que apestaba, ¿¡era ÉSE quien iba a acompañarme a aquel lugar al que me parecía que me llevaban para hacer de mi una mujer decente!? ¡Qué asco!). “Venga, adentro”, hizo. Intenté oponerme, pero el jodido sabía cómo mantener a raya a chicas de dieciséis años. Me cogió del hombro con tal fuerza que no pude oponer la mínima resistencia. Mierda, Harley, mierda. De esta no te libras.
Resignada, puse mi mano derecha en el bolsillo y… aleluya. Allí estaba ella. Mi mayor y tal vez único tesoro.

- ¿Qué tienes en el bolsillo? –preguntó el guarda, con el ceño fruncido. Oh oh.
- Es… es… es… -me quedé en blanco.
- Saca tu mano de aquí, jovencita.
- ¡¡Déjeme en paz!! –grité con todas mis fuerzas. Demasiado tarde. El hijo de puta del guarda no dudó ni dos segundos en abalanzarse sobre mí y cogerme la navaja. Las opciones de escaparme de aquella mierda de sitio se habían reducido a cero.
- Con que una navaja, ¿eh…? –esbozó una sonrisa maliciosa.
- No es una navaja cualquiera, señor. –intenté hacerme la interesante. – Es la navaja.
- Así que esta es la navaja con la que mataste a tu amiguito… -¿amiguito?- Interesante.
- ¿Me la va a devolver?
- Me parece una navaja demasiado bonita y atrayente como para que esté en manos de niñitas asesinas de 16 años… mejor se la queda el centro. –me guiñó el ojo, con ironía.
- Encontraré la forma de recuperarla, no lo dude. –hice, devolviéndole el guiño.
- Qué miedo. Entra de una puñetera vez, va.

Dicho y hecho, acabé entrando.
El capullo del escolta me llevó hasta el despacho del psicólogo. Examiné los pasillos del reformatorio que iba cruzando, uno a uno. Por lo que iban diciendo las malas lenguas sobre el Sankt Fremont, la verdad es que no parecía un mal sitio.
Pasó un cuarto de hora hasta que oí el “¡Davies!” que me hizo entrar en el despacho. Hice lo propio, y una vez me quité de encima al sereno pensé que ya estaría salvada, pero al ver a la mujer asiática sentada en aquel despacho, volví a ponerme nerviosa.
Antes de irse, pero, el guardia le confió la navaja a la psicóloga, quien lo guardó en uno de los cajones que se encontraban en la sala. Bien.
Volvamos al tema de la consulta; los nervios podían conmigo. Las primeras impresiones cuentan mucho, muchísimo, y aquella primera impresión no resultó precisamente agradable.

- Siéntate, Arienne. –dijo la mujer, con un tono firme y serio. Arienne. ¡Me cago en…!
- Harley. ¡HARLEY! –exclamé. El “Arienne” lograba ponerme de los nervios.
- En tu ficha pone que tu nombre es Arienne Davies.
- Pues rectifiquen lo que pone en la ficha, por favor.
- …bueno, Arienne. –pareció haber hecho caso omiso a mi comentario.
- Harley.
- Pues Harley. –subió el tono de su voz. - ¿Te arrepientes?
- ¿De qué? –pregunté, extrañada.
- De lo que has hecho, tal vez.
- ¡Aah, vale! –exclamé, después de pensarlo durante un tiempo.

¿Y de qué coño tenía que arrepentirme? ¿De cometer usurpación? ¿De matar al idiota de Shawn en defensa propia por intentar violarme? ¿Por pegar palizas? ¿O tal vez por tráfico de drogas? ¡Y yo que sé!

- Sí, sí que me arrepiento. –dije, con desgana.
- Qué… sincera. –hizo la mujer, todavía con su puesto imperturbable.
- Me alegra que sepa apreciar mi sinceridad. –bromeé.
- Soy psicóloga, ¿qué te esperabas? –pareció querer seguirle el rollo a mi broma. Será... – Y bien, sigamos... ¿piensas seguir usurpando, vas a matar a alguien más a navajazos, te drogarás...? –se percató de mi cara de incredulidad: ¡yo no era capaz de responder tales preguntas a tal rapidez!- En definitiva, ¿vas a traer problemas al centro?
- Supongo que no... –contesté, una vez asimilé todas las preguntas que la china me había formulado.
- Supones. –hizo, mientras iba escribiendo con rapidez.
- Sí, supongo. No es muy dificil imaginarte que, si alguien me quiere hacer algún daño, voy a defenderme. –y para ello necesitaba recuperar mi navaja. Joder.
- Nadie te va a hacer daño si no buscas problemas.
- Yo no busqué que un tipo con el que confiaba me violase, y aquí estoy.
- Yo también prefiero pensar que no... bueno, Ar... Harley, se te ha asignado la habitación 04A.

Qué ilusión.

- ¿Puedo irme ya? –se me iluminaron los ojos. ¡Quería irme de esa mierda de consulta de una puta vez!
- Sí, pero la semana que viene volveremos a vernos; seré tu psicóloga.

Qué ilusión, elevado al cuadrado.
Marché yo sola a la habitación 04A. Me pareció un sitio demasiado normal para ser un reformatorio, tal vez incluso un pelín soso y todo. Llegué a la que iba a ser mi nueva habitación, y abrí la puerta sin ni siquiera llamar. Guay, no había nadie.
No iba a durar mucho por ahí, por lo menos durante el día de hoy: acababan de comunicar que los internos entre 16 y 17 años nos largábamos por un día de ahí. Jé.

OUT
Hala, pues después de montooones de tiempo por aquí, here I am~ Suki para los amigos y tal, podéis encontrarme en ludien-346@hotmail.com y annagm111@hotmail.com para roleos con Har-har y tal :3
...no se me dan muy bien las presentaciones, no xD

Suki - 2007-12-14

···································

-¿Te molesta que te mire? –pregunta ella, sin dejar de mirarme.
-Demasiado, sí –le contesto y aprieto un puño tanto que me hago daño en la palma de mi mano.

Se levanta a por una libreta y coge un boli de su escritorio. Joder, me sigue mirando. Será puta.

-¿Se arrepiente de lo que ha hecho, Marc? –me pregunta.
-No lo sé. Me da igual

Escribe rápido en su libreta y me vuelve a mirar. Sonriendo. Será hija de puta.

-Por lo que sé, tengo entendido que eres drogadicto, ¿me equivoco?
-Si ya lo sabes, ¿por qué me preguntas? –respondo. Me estoy cabreando. Mucho.
-Entonces ¿por qué te drogas?
-Porque me da la jodida gana.

La loquera me sigue mirando. Joder, que deje de mirarme, ostia. No me gusta que me miren. Su cara me daría miedo si no estuviera pasando de ella. Pff.

-¿Piensas seguir drogándote aquí? ¿O matar a alguien por algún gramo? –la miro mal y ella sólo sonríe con cinismo.

Si estuviéramos en la calle, le habría borrado esa sonrisa de la cara.

-Bueno, esta es tu habitación señorito Krovakruzen –me da un papel y me quedo mirándolo. 14B.

Genial.

Por fin me va a dejar irme. Ya era hora, coño.

Me giro, deseoso de largarme de allí y entonces ella me para. ¿Es que no me va a dejar en paz nunca o qué?

-Seguiremos viéndonos, claro. Soy tu psicóloga.

Me cago en todo, Dios, En todo.


***

La habitación no está tan mal.

Quiero decir… podría ser peor.

Tiene dos literas y un armario grande. Tiro la maleta encima de la cama que acabo de escoger y luego la mochila. Me pongo de rodillas y busco con rapidez una aguja o algo que pueda servir para pincharme.
Encuentro un lápiz con mucha punta. Lo cojo y empiezo a darme pinchacitos en las venas del codo. No puedo chutarme… pero al menos esto hace que no me ponga a gritar por el mono.


ethan - 2007-12-09

···································

-¿Te arrepientes?

La mujer de marcados rasgos asiáticos se inclina hacia mí, libreta y bolígrafo en mano, y me mira como si yo fuera una asesina que ha matado a hachazos a su compañera de clase o algo así. ¿Que si me arrepiento de haber bebido hasta olvidar cómo se conducía y de haber acabado estrellándome contra una cochera que hizo que la chatarra de mi coche se doblara como un acordeón?

-Sí.
-Tengo entendido que… -pasa papeles hacia delante, leyendo con escrupuloso orden-. eres alcohólica, ¿no?
-No, no lo soy. –Mi padre era el alcohólico.
-¿Entonces por qué bebiste?
-A veces bebo.
-Sí, ya. Y yo soy Mickey Mouse.
-Le das un aire –me río con esa risa falsa que me sale a veces.

La psicóloga –creo que se llamaba Wang no se qué- se levanta de su silla, mirándome como si fuera ella la que va a matarme a hachazos. De pie da mucho más miedo, sobre todo con esa cara.

-¿Vas a matar a alguien, a drogarte, a tirarte por una ventana? –La miro sin entender. Esperando que de su boca salga la frase ¿Planea usted matar al presidente? y que luego se ría a carcajadas. De hecho, al final sonríe-. Lo tomaré como un sí –Y hace una cruz en su libreta-. Bueno, pues ya está. Habitación 13B para ti, señorita Mickey Mouse.

Me levanto pensando que no quiero volver a ver a esa mujer tan rara en mi vida. El hombre que me ha acompañado hasta allí espera en la puerta, y al parecer ha oído el número de habitación.

-Ah, por cierto –oigo la voz de la mujer, un momento antes de salir-. Yo seré tu psicóloga.


* * *

La habitación no me gusta. Es pequeña y tiene un pasillo estrecho, igual que la mía en la caravana, y eso me agobia; porque de la caravana siempre podía escapar, pero de aquí, no. Además, según me ha dicho una de las chicas que han entrado hoy, aquí han reforzado las medidas de seguridad desde que se fugó un interno.

Al fondo del cuarto hay una litera, con una chica subida en la cama de arriba. Me parece muy pequeña para estar aquí. Tiene cara de niña, el pelo rubio semi recogido con una pinza y un libro entre las manos. De alguna forma me alegra no estar sola. Por lo menos tendré a alguien con quien hablar.

-Hola –la saludo. Ella mira a un lado y a otro, y luego baja la vista. Al principio parece un poco desconcertada, como si yo la hubiera asustado al sacarla de su tranquilidad-. Soy Lea.

Al final, sonríe.

-Me dijeron que ibas a venir. Es decir, este cuarto tan grande para mí sola… era demasiado. –Deja a un lado el libro y yo me pregunto cómo puede ser que alguien vea grande esta habitación-. Yo me llamo Jaden. Llegué aquí hace poco también, así que no creo que pueda contarte mucho sobre esto… –se acerca al borde de la cama y balancea las piernas en el aire-. Lo que sí sé es que parece que van a darnos una noticia importante dentro de un rato, cuando bajemos a desayunar.

Asiento con la cabeza antes de echar un vistazo a la litera de abajo.

-Ésta va a ser mi cama, ¿no?
-Oh, bueno, si quieres esta… -
-No. Da igual.

Empujo la maleta encima y me siento a lo indio sobre la colcha. No quiero deshacerla, porque si saco la ropa y la guardo en el armario el hecho de que me voy a quedar aquí a vivir será mucho más real, y no quiero sentir eso. Ahora mismo prefiero pensar que éste es un lugar de paso donde, por suerte, no me ha tocado una chica violenta o extraña como compañera de habitación, sino que la tal Jaden parece del todo normal. Decido preguntarle qué ha hecho para estar ahí, y ella me contesta asomando la cabeza del revés, para que pueda verle la cara.

-Secuestré a un compañero de clase y luego quemé mi casa.

La miro con la boca abierta. Retiro lo dicho.

-¿Qué?
-Pues eso. ¿Te gusta Dickens? –pregunta, señalando el libro que leía antes y que reza “Oliver Twist”-. Es mi favorito.

Sonrío porque en el fondo todo esto tiene gracia, estar metida en un reformatorio por haber bebido más de la cuenta y conocer a esta chica que secuestra gente y quema casas. Me pregunto cómo será el resto.

-¿Y tú? –inquiere, con los ojos brillantes-. ¿Tú por qué estás aquí?

¿Yo? Por gilipollas.


=OUT=
Ey, nueva por aquí :). Estaba indecisa sobre cómo introducir a Lea; si hay algún fallo lo cambiaré. He situado la viñeta unas horas antes de que Bre de la noticia de que todos se van fuera.
Si queréis usar a Lea *lolz*, o hablar o cualquier otra cosa, me agregáis al msn: mj_trykissme@hotmail.com :]

Lea - 2007-12-08

···································

- Al fin algo de paz y tranquilidad.- me recargué en el respaldo de la silla. Han pasado bastantes cosas, la mayoría no de lo más agradables, pensé. Bueno, después de todo esto es un reformatorio. Acerqué la libreta con las anotaciones de las visitas mas sobresalientes, entre ellas la de Melissa, una joven bipolar a la que le he tomado especial interés. Hay veces, muy pocas realmente, en que me da por obsesionarme con algun caso, más que obsesionarme creo que hay algo que me hace pensar que estos chicos se pueden reformar, encontrar su camino. No soy como Bre que ha perdido la fe en estos chicos, si esque alguna vez la tuvo.

En el comedor, Bre fue la encargada de anunciar la actividad que ocurriría dentro de dos horas, los chicos de 16-17 años estarían atravesando las puertas de este reformatorio para hacer la buena obra del año. Miré alrededor mientras le sonreía a las chicas que cruzaban su mirada con la mía. Entonces recordé que Melissa tiene 17 años. La busqué con la mirada hasta que la vi sentada junto a Noel.
-Veamos como toma la noticia-. pensé, y de pronto la vi pararse y salir apresuradamente. Hasta ahí mi teoría de que lo hubiera tomado bien. Me preocupó un poco su comportamiento pero decidí no hacer un escándalo, después de todo salir del reformatorio debe ser toda una experiencia para ellos.

-Debe estarte matando la idea de darles una buena noticia a estos chicos ¿no?- le dije a Bre al salir del comedor, claro que ella solo se limitó a ignorarme y apresurar el paso.

De igual forma me dirigí al despacho. -No recuerdo haber dejado la puerta abierta...-, pensé. En efecto, al entrar me encontré sorpresivamente a Melissa paseandose de un lado al otro. Cerré la puerta y ella se dió cuenta de mi presencia.

-No quiero ir, no quiero ir- dijo. Realmente lucía mal.
-¿Porque no quieres ir?- me acerqué, pero ella se alejo dirigiéndose a la ventana, lucía trastornada.
-¿Porqué alguien como yo merece salir?.Se supone que este es mi castigo por- se detuvo.
-¿Haber matado?- no supe si hice bien en decirlo, pero ella permaneció mirando la ventana, como si estuviera absorta en algún pensamiento.
-Será que soy anormal, pero en las noches.. a veces lo sueño.. el momento en el que le arrebaté la vida- cerró los ojos.
-¿Le? querrás decir les..- la interrumpí.
-No. El se lo merecía, pero ella no. Ella no tenía la culpa-.
-La esposa, ya veo... pero esto es solo una actividad, la salida no es un premio realmente-. Estaba realmente sorprendido, no me había dado cuenta de lo dura que estaba siendo consigo misma. Noté que estaba algo temblorosa, y me acerqué despacio.
-¿Te sientes bien?- le dije mientras la tomaba del brazo.
-Dejame llevarte a la enfermería ¿ok?-. Asintió con la cabeza y la acompañé.


Esperé a que Gil saliera de examinar a Melissa.
- Al parecer la medicina que le hemos estado dando la ha empeorado en lugar de hacerle bien, le he dado algo para tranquilizarla de momento. Hiciste bien en traerla Andrew, quien sabe que hubiera llegado a hacer en esas condiciones.
- Bueno, ahora está en buenas manos-. Me despedí de Gil y regresé al despacho esta vez sin sorpresas, pero con material suficiente para analizar.



Milerna - 2007-11-24

···································

Tardé algunos días a volver a habituarme a mí alrededor. Nada había cambiado especialmente, pero mi cerebro se había habituado a no ver a tanta gente junta durante tanto tiempo. Apenas me enteraba de lo que hacíamos en clase, de lo que me pedía la gente y de lo que me daba yo. Incluso sin proponérmelo, evité cruzarme con Gilbert y Ryou, las dos almas puras de Sankt Fremont que tenían parcela reservada en el cielo. A este último, pero, dejé de evitarle cuando, después de cenar, Mimi logró hacerme entrar en la cabeza que Lucien se había largado. Lucien, el compañero de Ryou y amigo desde la primera vez que habíamos cruzado un par de miradas. Primero sonreí, después reí tontamente y terminé preguntado si me lo estaba diciendo en serio. Cuando al fin la creí, me levanté de la cama y salí al pasillo descalza. Lo crucé a paso rápido hasta llegar a la habitación 11B y abrí entré sin llamar. Él se dio la vuelta casi al instante, entre sobresaltado y curioso. Al verme, esbozó una sonrisa que se marchitó suavemente al comprobar que la experiencia en la enfermería no había servido para que dejase de chutarme sustancias no recomendables para nadie. Me encogí un poco sobre mi misma y le miré de la misma manera que podría hacerlo un cachorro abandonado en medio de la carretera, suplicando el perdón y buscando la reconciliación con los humanos; en mi caso, pedía que hiciera ver que no lo había notado, y buscaba algo de él que aun no sabía. No era su piedad ni su compasión, era más bien su compañía, sin sermones ni consejos, sólo su presencia.
Lo conseguí. Pude notar como intentaba mantener un buen humor.

- ¿Para cuando los chicles de cocaína...?
- Más vale que patentes esa idea antes de que alguien te la quite.- me reí. Cuando vi que volvía a sonreír, benévolo, me acerqué un par de pasos.
- Quizá me lo pienso, cuando salga de aquí no creo que quieran darme trabajo en demasiados sitios
- Tus brazos, tu expediente del centro y todo tú estáis limpios, no es lo mismo que con nosotros ¿Has pensado en que vas a hacer cuando salgas de aquí?- se lo pregunté por inercia. Estaba segura de que había pensado en algo, aunque nunca hubiésemos profundizado en el tema.
- Me gustaría vivir de la música, pero lo más seguro es que acabe en la tienda de mis padres.
- Quien sabe, tus berridos pueden tener un buen precio. Yo lo compraría para oírte un rato.
- Pero tu tienes buen corazón.- lo dijese de broma o no, me gustó oírlo. Era difícil escuchar esas palabras en ese entorno.- Nadie querría escuchar mis berridos, me limito con tocar la guitarra y tener un foco para mi solo
- Si que pides poco, ¿no confías en ti mismo?
- No confío en mis gallos.- me reí. Ambos lo hicimos. Me senté en su cama, y él giró un poco la silla para quedar frente a frente.- ¿Tu no tienes nada decidido?
- No creo que haya algo para mí, y si lo hay, creo que será poco. ¿Sabes eso que dicen que das lo que recibes? O tal vez sea cosa del karma.
- La media de vida de un humano está por los 90 años, te queda mucho para solucionar según que cosas.
- Esa es la media de vida humana de los que no han hecho lo que yo- me reí.-tampoco se muy bien que debería hacer para redimirme.
- Empezar de cero.
- Si algún día decido hacerlo, iré a que me ayudes, te guste o no.
- No problem.
- Creo que tus padres no opinarían lo mismo.
- Hay ciertas decisiones que sólo son de uno mismo, y los demás poco tienen que decir.
- Pero eres tu, y no te gusta "decepcionar" a tus padres.
- Pero ser yo también implica sacrificarme por mis amigos.- Era en situaciones como esas en las que desconocía como era posible que nadie le hubiera obligado, amenazándolo con una navaja, a casarse con ellos.
- ... A veces creo que Axel tiene razón y no merezco tu.- me dio un golpe amistoso con los dedos en el brazo amistad.
- Idiota.
- ¿Yo o Axel?- sonreí.
- La verdad es que lo dos- se rió.
- Yo te quiero más, así que yo soy menos idiota.
- ¿Me quieres más?- sonrió de medio lado.- Eso ya es decir teniendo en cuenta las miraditas que me echa Axel de vez en cuando.
- Eso también explica por qué me odia, seguro que tiene celos de que me vayas a ver a la enfermería y a él no.- guardé unos segundos de silencio.- Lo que quiere decir que me quieres más a mí que a él.- sonrió de oreja a oreja, pero si tenía algo que responder, se lo calló.
- ¿Has hecho la redacción para clase?
- Aun no, acabo de renacer.- estiré los brazos hasta casi rozarle la nariz.- ¿Y tú?
- Sí, cosas cursis y demases.
- ¿Como que tienes un amante negro, una historia de amor con un rubito y paseas por el jardín lleno de capullos con una pelirosa?
- ¿...en serio tengo tanta pinta de maricón?
- Bre dice que sí, pero no es verdad.
- Iré a contarle mis traumas a bre en venganza. Gran noticia que no lo creas.
- Nunca me creo lo que dice Bre, sino tendría que ir llorando todo el día.
- Para ser loquera y muy borde a veces tiene sus buenos días, no creas.- sonrío. Parecía cierto el rumor de que se llevaba bien con la psicóloga cruel.- y luego puedes llorarle un poco a Gil para que vaya a molestarla.

Volví a estirarme un poco y me puse las manos en las rodillas. Recordé que había ido allí para hablar con él de su compañero fugado y que ni siquiera lo había mencionado. Sonreí para mí.

- Me voy, ahora que he visto que sigues bien sin Lucien.- me incliné hacia él y le di un beso de buenas noches en la mejilla. Olía a jabón.
- Buenas noches, estrecha.

Me di la vuelta y le contemple. Hubiera podido reír ante el comentario, pues estrecha es lo menos acertado que hay para llamar a una chica de diecisiete años que había ejercido la prostitución. También hubiera podido llorar de emoción por el simple hecho de que él hiciera tan poco caso a mi pasado como para olvidarlo y verme como alguien normal. Pero lejos de demostrarle cualquiera de las dos cosas, volví sobre mis pasos, le cogí suavemente por la barbilla y le di un beso en los labios.

- Aunque no me digas que me quieres más que a Axel, yo se que si.- le sonreí, abriendo la puerta.- Buenas noches, adolescente sobrehormonado.


* * *

A la mañana siguiente todo parecía mejor. No brillaba el sol, no estaba en casa ni tenía una familia ejemplar. Mi compañera seguía siendo la misma chica a quien llamaban Hoocker, no sólo por ser su apellido, y yo seguía sintiendo la misma necesidad de cada mañana de consumir algo. El simple hecho de hacerlo hizo tambalearse mi percepción del día un poco, pero casi al instante y gracias al efecto de la droga, volvió a ser tan bueno como me había parecido al principio.
En el comedor, como venía siendo habitual desde que se había hablado por primera vez del tema subvención, nos esperaba una charla. Contra todo pronóstico, fue una charla bien recibida, y poco importó que saliese de la boca de Bre, con su habitual mal humor. Lo que importaba era que en dos horas, los alumnos de dieciseis y diecisiete años estaríamos viajando en un autocar camino a hacer la buena obra del año, dar de comer a aquellos que no tenían hogar, familia o dinero. Muchos se quedaron fuera, pero poco me importaba, porque tenía diecisiete años y podía salir de ese tugurio aunque fueran unas pocas horas.
Podría volver a respirar el mismo aire que las personas libres, sin tener que preocuparme por tomar las decisiones correctas.

=OUT=
Pues eso. Vidilla! Todos aquellos charas de 16-17 años tenéis una visitilla con el mundo exterior x3 Aprobechad~

Utena - 2007-11-22

···································

Está enamorado de mí.

Casi me atraganté con mi propia saliva. Tosí un poco, me froté el cuello con una mano y la miré, enarcando una ceja.

- No puedes poner eso.
- Eso, exactamente, ¿qué es?
- ¡Lo último! Lo de que estoy enamorado de ti.
- Pero si lo estás.- sonrió. Tenía esa sonrisa de cuando se lo estaba pasando bien y le importaba veinte pimientos si tu también.
- Claro que no.
- Oscuro que si.- suspiré.
- Que más da. Es sólo una redacción.- sonaba a típico discurso para autoconvencerse.
- Pero yo tengo el bolígrafo que todo lo que escribe se hace realidad.
- Eso no existe.
- Claro que sí- se rió a carcajadas.- Y lo tengo yo.

Antes de que pudiera contestarle, la puerta se abrió. Bajé de la litera de un salto miré hacia la entrada. En pie, con las manos en las caderas y cierto aire de autoridad, nos miraba uno de los gorilas del internado. Dio un par de pasos hacia nosotros y se plantó a escasos centímetros de ambos, sin despegar las manos de donde las tenía.

- Stephenson, Axel.- contra todo pronóstico, giró la cabeza hacia mi compañera. Me mordí la lengua antes de meter la pata. Carraspeé.
- Yo.
- Toca cambio de habitaciones.- por fin se giró hacia mi.- Habitación 15B.

Asentí con la cabeza, echó una última mirada a su alrededor y se largó por donde había venido. Me quedé un par de segundos parado donde estaba, mirando como un bobo la puerta. Cuando al fin reaccioné, me dirigí al armario a coger la bolsa dónde solía guardarlo todo cada vez que me tocaba trasladarme de habitación y empecé a recoger de cualquier manera, sin demasiadas ganas ni ánimo para hacerlo.

- Pues parece que no hacen caso de lo que ponía mi redacción, y nos separan...- la oí perfectamente, pero tan sólo hice un sonido de asentimiento. Aun estaba pensando si alegrarme por irme de aquellas cuatro paredes llenos de locura y desorden, o entristecerme. Tal vez no debería haber sentido ni una cosa ni otra, era sólo un cambio.- Oye, te estoy hablando, ¿quieres mirarme?
- Nunca hacen caso de nada.- levanté la cabeza para mirarla y suspiré. Contra todos mis pronósticos, puso cara de desconcierto.
- Yo me esperaba un 'te voy a echar de menos', pero nada...
- Si te digo eso te ríes de mí.
- Ya, pero al menos te hubiera podido decir 'yo también a ti'- entonces el desconcertado fui yo. Sabía que no podía ver como me sonrojaba, pero eso no significaba que no lo estuviera.
- Bueno. Sólo me voy de la habitación, voy a seguir viéndote por el patio, haciendo de las tuyas.- sonreí un poco, aunque no era algo para sonreír.
- Y yo iré a verte algún día a tu habitación, cuando me aburra y tal.- en todas mis conversaciones con Frieda había algo que me tocaba la moral, y ese “aburra” tan exageradamente marcado hizo que frunciera el ceño.
- En fin.- solté un último suspiro, con todas mis cosas en la mano, y la miré. Abrí un poco los brazos, sin saber muy bien por qué.
- Ni que me fuera a América, no hace falta que me abraces.- me encogí de hombros, agarré mejor la bolsa y me dirigí a la puerta, intentando saber dónde diablos estaba la habitación 15B.- Es broma.

Me di la vuelta aun con una mano en el paño. Entrecerré los ojos para saber si me volvía a tomar el pelo o no. Al fin decidí que no era así –o que si era así iba a arriesgarme-, abrí la puerta, la atranqué con la mochila y la estrujé un poco. Se rió en mi oreja y me dio un par de palmaditas en la espalda. Cuando la solté, le sonreí y me di la vuelta para salir definitivamente de esa habitación. Asomando la cabeza por el borde de la puerta estaba esa chica rubia y algo bajita, Harley. Supuse que sería la nueva compañera de Frieda, y no quise suponer que habría pensado de la escena.

* * *

La habitación estaba vacía cuando entré, así que pude deshacerlo todo con privacidad. Entre los objetos que había cogido del escritorio, me encontré con uno de los anillos de mi ex compañera. Lo sostuve delante de los ojos y sospesé la posibilidad de que lo hubiera dejado ahí a posta; En apenas dos segundos descarté la posibilidad y me dije que se lo devolvería cuando la viera de nuevo.
Sin saber muy bien que hacer, me senté en la cama con el mp3 en las orejas y un trozo de papel apoyado en la rodilla, con uno de los bolígrafos lilas de la enfermería entre el labio superior y la nariz.

”Desde que ingresé en este centro, me han cambiado varias veces de habitación, para corregir mi comportamiento y para evitarme problemas. Lo cierto es que no me ha servido de mucho, porque Es algo bastante útil, tanto para mi como para mis compañeros, y he conocido a gente agradable y que no se droga y que está bastante conforme con su situación.
La última vez que me cambiaron fue hace aproximadamente un mes. Me tocó compartir celda habitación con una interna más joven que yo. Tenía algunos problemas que le daba miedo afrontar y que los demás supieran. Debido a eso, nuestra relación era algo difícil, pero es buena chica y puedes discutir puedes hablar bien con ella. Incluso puedes cogerle cierto aprecio. No como a los perros, sino como a una persona normal. Es raro, porque aquí apenas puedes cogerle cariño a la gente como ella..
Cree que estoy enamorada de ella, o lo dice para picarme, hay cosas que no he llegado a entender de ella. No se como hacerle entender que sólo quiero ayudarla con lo que sea. Tal vez no esté mal que lo piense. Tal vez si lo piensa sea porque he hecho algo que se lo haga pensar sin darme cuenta. De todas formas es una chica y es menor que yo, no podría

Paré de escribir en seco y miré los múltiples tachones de toda la redacción, y releí varias veces las últimas frases. Hice varios intentos por tacharlo, pero como esa no iba a ser la redacción definitiva, decidí dejarla como estaba.
Me incorporé, tiré el bolígrafo y el mp3 por la cama, guardé la hoja en uno de os cajones del escritorio y salí a dar una vuelta por el patio, si me lo permitían.

=OUT=
Tralarí, tralaráá, el internet no deja de joderme~ *siiiiiiigh*

Axel - 2007-11-05

···································

Los rayos de sol se filtraban como podían entre las rendijas que dejaba la persiana bajada, mientras el Pilot bailoteaba entre mis dedos e iba dejando un reguero de tinta por toda la hoja al compás que marcaba la música procedente de los auriculares de Axel, tan alta que podía escucharla desde el suelo, donde me encontraba, a más de un metro de sus oídos.

I don't know what you heard about me
But a bitch can't get a dollar out of me
No Cadillac, no perms, you can't see
That I'm a motherfucking P-I-M-P

La voz de 50 Cent no me ayudaba precisamente a concentrarme, protesté alzando la mirada de la hoja todavía limpia, al menos en lo que a palabras se refiere. Él, como era de esperar, no me oyó. No me extrañó; debía de tener el volumen del mp3 al máximo.

- Axel. –subí la voz, empezando a cabrearme.- ¡Axel! ¡AXEL!
- ¿Qué? –se desenredó de una oreja el auricular y me miró como si fuera la primera vez que me veía.- ¿Pasa algo?
- Pasa que no me concentro con esa música tuya dando por culo de fondo.
- ¿Para qué quieres concentrarte? –estirando el cuello, intentó ver lo que había escrito en el papel.- Si ahí no hay nada.
- Pues precisamente por eso. –le dediqué una mirada fulminante; no estaba de muy buen humor, como para que encima viniera él a tocarme los ovarios.- Estoy intentando hacer esa redacción sobre este sitio de mierda que nos mandó la china.

Lo de la redacción captó su atención, por lo visto, porque se quitó el otro casco y se sentó en la cama en dirección a mí, las piernas colgando y moviéndolas como las de un crío pequeño.

- ¿Quieres que te ayude?
- No digas chorradas. ¿Cómo vas a ayudarme tú a mí? Y no me saques el tema de ‘deja de drogarte’.
- Puedo inspirarte.

Mi carcajada debió oírse hasta en Londres. Esa era una posibilidad demasiado remota, demasiado bizarra, como para no aprovecharla.

- Está bien. –mordí el capuchón del bolígrafo, regresando a la hoja todavía en blanco.- Ya sé de qué voy a escribir.

Casi pude ver cómo se le iluminaba la cara, a pesar de que estaba dándole la espalda.

- ¿Ah, sí?
- Sí.
- ¿De qué?
- De ti.

Mi compañero de lo que aquí insistís en llamar ‘habitación’, y que yo calificaría más bien como ‘celda’, se llama Axel Stephenson. Dieciséis años, uno ochenta y pocos, raza negra, pelo trenzado, ojos castaños y supuestos músculos que no le sirven para librarse de palizas día sí y día también. Empecé a compartir celda con él a raíz de un pequeño incidente que involucró una ceja partida y una nariz rota, del que por cierto no me siento nada arrepentida. Y ya van unas tres semanas, o por ahí.
En mi opinión, cuando salga de aquí debería crear un centro de desintoxicación o algo así, porque está obsesionado con limpiarnos a todos. Ya se lo he dicho mil veces, sus ‘consejos’ no sirven para nada, pero él erre que erre. A pesar de eso y de ser un plasta de campeonato, es bastante encantador.
No quiero que me lo quiten ni que me pongan a alguna asesina en serie o puta adolescente en su lugar. Quiero quedarme en esta habitación y en esta compañía, si no para siempre, sí para un buen rato.
Ah, hay un pequeño detalle que se me ha olvidado.
Está enamorado de mí.


Friederike Möersig


Cleo - 2007-10-27

···································

Me senté en la cama de golpe, echando un vistazo a la habitación. El rubiales se había ido. No es que me sorprendiese su estúpida actuación – sabía que era gilipollas- pero aún estaba en ese estado de incredulidad del que es difícil salir cuando las cosas pasan tan abruptamente.
Se había dejado un par de cosas en la habitación, y me estaba pensando un muy mucho si esconderlas antes de que viniesen a buscarlas para tirarlas. No se podía decir que fuésemos amigos ni mucho menos, nuestra relación era algo así como odio/odio, de todas formas podía entender por qué se había largado y en el fondo sentía que lo prefería a saber que un chaval con el que había estado conviviendo se dejaba pudrir la juventud entre tres paredes y una reja.
Me apoyé en mis rodillas, rascándome la nuca, viendo las nubes cerrarse sobre el Sankt Fremont. Al menos podría haber brillado el sol para Lucien en su huída. Aunque sabía que él prefería verse resguardado por el chapoteo de la lluvia, con su chaqueta de pijo, como en las pelis policíacas de segunda.
Seguía sin entender el extraño sentimiento de compañerismo que tenía hacia él en esos momentos. El mismo sentimiento que hizo que me apropiase de su cama, por si alguien nuevo entraba y acababa en mi habitación.
- ¿Ryou? - Gil asomó la cabeza por la puerta, le hice un gesto para que entrase- Vengo por las cosas de Lucien.
- Están ahí, las metí en esa caja.
El enfermero –venga ya, no le pegaba el título de médico- se agacho para coger la liviana caja que contenía un par de camisetas, un paquete de tabaco y una hoja micro perforada de algún tipo de redacción para clase. La seguí con la mirada.
- ¿Está todo?
- Ajá.
- ¿No quieres quedarte nada?
- Lucien no era mi novio aunque él fuera diciendo que sí por ahí- Gil rodó los ojos.
- Pero vivíais juntos.
- ¡En serio, no había nada entre nosotros!-reí.
- Vale, te dejo por imposible. Luego...
- ...sí, luego iré a tocarle los cojones a Bre.
Gil sonrió satisfecho.
- Buen chico.
- Me merezco una galleta. Quiero una galleta.
- Si bajas ahora al comedor quizá aun quede helado- abrió la puerta para irse-, y quizá te encuentres a H, ya ha salido de la enfermería –levanté las cejas interesado.
- ¿Tan pronto?
- Yo que creía que te gustaría la noticia...
- ¡Y me gusta! –me ruboricé un poco- Pero...quiero decir. Es una buena noticia que esté bien. Y tal.
La ultima mirada que me echó Gil no fue precisamente de mi agrado, pero le ignoré. De todos modos no iba a pelearme con la única persona agradable en este infierno de cemento.

Cuando acabé de acomodar mis cosas a todo lo largo y ancho que era ahora el armario, sin dejar huella de una anterior presencia de otro inquilino, sino desordenando mi personalidad por toda la habitación, bajé al comedor donde servían lo bueno a horas secretas para jodernos a todos.
Le tuve que poner ojitos a una de las cocineras para que me sirviese un poco de helado fuera de los horarios de comidas, aunque me la camelé rápido. Sentado en medio de un comedor enorme, con mi platito de helado de vainilla, me sentí entre estúpido y niñata adolescente americana cuando le niegan ir al putiferio de fiesta de fin de curso con su traje hortera. Por suerte no estaba solo, una chica que había visto sólo una vez por los pasillos estaba medio tirada encima de la mesa, apoyando la barbilla en sus brazos, observando el comedor. Cuando cruzamos nuestras miradas, jugamos a distancia a ver quien aguantaba más. Sonreí bastante suciamente levantando las cejas y la rubia se distrajo por un segundo, proclamándome vencedor.
Ella se quedó allí, en silencio, un rato más y yo me dediqué a no pensar en más que en el pequeño trozo de helado derritiéndose en el plato blanco.
H no se paseó por el comedor ni para ir a pincharse al patio. Y no llegó ninguna noticia de que hubiesen atrapado a Lucien y ahora tuviese que acabar en la cárcel sí o sí. Supuse que eran buenas señales.
Acabé toda la tarde tirado en el grasiento comedor, simplemente perdido en el poco interés que tienen las horas muertas. Esperando a que alguien viniese, en vez de ir yo a por lo que quería.
Me iba a sentir un poco solo cuando volviese a la habitación.


richan - 2007-10-20

···································

A la pregunta ‘¿Por qué la china borde manda a la nueva, la escuálida Kroes, a mi habitación?’ por más que me devano los sesos no encuentro una respuesta. La única explicación mínimamente coherente es que están demasiado liados con el tema del tío que se largó (como ya le dije a mi nueva compañera de cuarto, ‘gran tipo’) como para prestar un poco de atención a lo que hacen.

Me meto en el baño y cierro la puerta con cuidado. La súbita aparición de Jaden me interrumpió en pleno proceso de liar la provisión de la semana, así que decido terminarla en la intimidad que me proporciona la puerta cerrada. No me conviene que las primeras palabras que salgan de su boca respecto al Sankt Fremont sean ‘mi compañero de habitación se dedica a liar porros en su tiempo libre’.

Acabo, me guardo los petas en los bolsillos de los vaqueros y salgo. Ella está sentada en su cama. Por cómo mueve las piernas deduzco que está aburrida. Ya habrá terminado de deshacer su equipaje, como si esto fuera un sitio de vacaciones o algo así.

- Jaden. –la llamo, y el hecho de que aparezca en el umbral de la puerta parece sobresaltarla.- ¿Por qué estás aquí?
- Porque la psicológa me envió aquí.
- Digo en el Sankt Fremont. ¿Qué hiciste para que te mandaran a este sitio de mierda?

Baja la mirada y se coloca un mechón de pelo tras la oreja. Doy dos pasos, acercándome más a ella. Tampoco quiero presionarla (está demasiado buena como para que me arriesgue a que salga corriendo), pero tengo derecho a saber si es una asesina en serie o una psicópata en potencia, ¿no?, ya que vamos a compartir espacio vital por espacio de quién sabe cuánto tiempo.

- … Secuestré a un compañero de clase.

Me esperaba algo más espectacular, la verdad. Se me debe notar la decepción en la cara, porque sonríe tímidamente y añade:

- Y luego quemé mi casa.
- ¿Tu casa? –repito escéptico, alzando una ceja.-
- Sí. Cuando nos pillaron.
- ¿Nos?
- Sí. Éramos tres amigas y yo.

Repasemos: junto con otras dos chavalas, la chica que tengo delante secuestró a un compañero de instituto y luego, cuando fueron descubiertas, prendió fuego a su casa. ¿Tiene lógica eso? Ninguna.

- O sea, que no eres ninguna asesina ni nada por el estilo, ¿no?
- ¡Pues claro que no! –me observa horrorizada, algo en plan ‘¿Me crees capaz de cometer semejantes atrocidades?’ Prefiero no contestar.-
- Entonces vale.
- Vale, ¿qué?
- Vale, no voy a quejarme porque estés aquí.
- ¿Pensabas hacerlo?
- Si resultaras una asesina, probablemente. –se ríe levemente, y niega con la cabeza.- Pero ya veo que no.
- Entonces, ¿todo bien?
- Todo bien. De hecho, serías tú la que deberías quejarte… o no.

No contesta, aunque parece estar pensándoselo seriamente. Con una sonrisa, me despido de ella. Voy a preguntar por H, buscar a Möersig, o reunir a la banda para patear a algún nuevo. Según a quién encuentre primero.

Ben - 2007-09-24

···································

Good girl gone bad
Me arrancaron los auriculares sin demasiado tacto y me sacaron del vehículo casi a rastras. Una vez fuera, me llevé la mano al magullado brazo y arrugué la nariz ante el fuerte olor a pintura que desprendía lo que sería mi hogar durante demasiado tiempo. Los chicos de mi alrededor, pero, parecían no darse cuenta de dicho olor, y seguían lanzando miradas asesinas a diestro y siniestro.
Por lo que había oído, Sankt Fremont no era un gran reformatorio a lo que buen trato se refería, más bien lo contrario: palizas, encierros en cámaras oscuras ya prohibidas, tráfico de droga más consentido de lo que se esperaría en un lugar así, y varias denuncias por violaciones que habían caído en el olvido. Teniendo en cuenta ese historial, eran normales muchas de las reacciones de mi alrededor, y tampoco me resultó algo chocante el trato frío y distante –o todo lo contrario- de los trabajadores una vez hubimos puesto un pie en el recinto.
Pasada la revisión y sentados por orden de lista en una sala pequeña, pintada de verde y con bancos de madera sin respaldo, nos fueron llamando. Puesto que mi apellido empezaba por “K”, tuve que esperar una media hora antes de poder levantarme y dirigirme al despacho del psicólogo, aunque por aquel entonces desconocía el procedimiento. Estaba demasiado ocupada intentando no despegar los ojos del suelo e ignorar las miradas inquisitivas que se dirigían aleatoriamente los demás internos.
Cuando al fin me llamaron, me levanté al instante y miré al que me acompañaría hasta la siguiente sala, un hombre de unos cuarenta años, con un principio de barriga marcándosele en la camiseta azul oscuro. Tenía los ojos de colores dispares, y su cara no transmitía nada más que hastío; No intenté darle conversación, ni él la buscó.
Con un par de golpes en la puerta, seguidos de un “¿Se puede?”, esta se abrió y apareció una oriental con cara de pocos amigos, que fulminó con la mirada al primer ser vivo que se encontró.

- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no hace falta tanta formalidad? No me molesta que entres con la boca cerrada, me enerva que intentes hacerlo con la boca abierta.- el hombre no dijo nada, tan sólo me dirigió una mirada fugaz.- ¿No se encargaba de los nuevos de hoy Andrew?
- Le han llamado por ese asunto del chico que…
- Está bien, está bien.- me miró.- Pasa.

Cerró la puerta tras de si, sin despedirse de su compañero y se sentó en un sillón bastante más cómodo que el mío. Cogió un bolígrafo, se cruzó de piernas, y alargó un brazo para coger una ficha. Sin siquiera preguntarme el nombre, empezó la entrevista

- No se qué has hecho para estar aquí, pero, ¿te arrepientes?- me encogí de hombros.- Lo siento, no se interpretar vuestro lenguaje corporal, tradúcemelo a esa sucesión de sonidos que utilizamos los humanos para comunicarnos.- le miré, algo atónita.
- Sí, supongo.
- Chica sincera.- garabateó algo en el papel.- ¿Vas a portarte bien?
- Sí.
- ¿Vas a intentar arrancarle la lengua a alguien, rebanarle el pescuezo, drogarte…?
- No.- le volví a mirar, esa vez con expresión de desconsuelo.
- No me mires así.- me enseñó la hoja.- Yo no soy la que pide toda esta sarta de preguntas idiotas y más bien inservible. Podían empezar preguntando si te vas a fugar, pero claro, creen que es más importante saber si eres un psicópata, como si no estuviera claro.- suspiró, llevándose dos dedos a las sienes. Me había perdido un poco en su monólogo, causa, al parecer, de una profunda frustración. Volvió a suspirar.- Hemos terminado. ¡A la habitación 15B!- di un respingo al oír su grito y, más tarde, la puerta abriéndose.
- ¿La 15B?
- Eso he dicho.- se hundió en el sillón y nos miró tranquilamente.- Cerrad la puerta al salir.

Nadie se molestó en acompañarme hasta ahí, ni siquiera el que se suponía que debía hacerlo. Con un par de indicaciones, me dejó ahí plantada y se fue a buscar a los tres o cuatro chicos que aun quedaban en la habitación verde.
Por suerte, las indicaciones eran bastante buenas o, simplemente, el reformatorio tenía una estructura con la que era imposible perderse. Después de dejar atrás la 13B y la 14B, me paré en la que había indicado la oriental y di unos tímidos golpes en la puerta por educación, aunque entré sin esperar respuesta.
Era una habitación notablemente pequeña, con una mesa, una silla, algunas imágenes colgadas en la pared y varias prendas tiradas encima de la litera. Fui recorriendo la habitación con los ojos, y me quedé helada en el sitio cuando, al fijarme en la litera superior, vi una cabeza de piel morena, completamente rapada, que se asomaba como si nada, con una expresión entre curiosidad e interés. Veía como sus ojos negros se movían arriba y abajo, estudiando a la persona que acababa de aparecer de la nada en su territorio, pero no le dije nada, sólo le miré y volví a mirarle hasta la saciedad.
Era un chico.
Empecé a entender por qué aquel hombre había dudado cuando la psicóloga le había dado el número de la habitación.

- Hey, hola.
- Hola.- sonó como un suspiro, más bajo y con menos fuerza de lo que habría querido.- Encantada.- añadí, con un tono y un volumen aceptables.
- Igualmente.- sonrió de lado y se dejó caer de la litera al suelo.
- Me… Me llamo Jaden Kroes- asintió.
- Y dime, Jaden, ¿Qué has hecho para que te manden aquí siendo una tía?
- Creo que se han equivocado.
- ¿Quién?- se había cruzado de brazos se había apoyado en la mesa.- ¿El guapo o la borde?
- La mujer.- titubeé.
- La borde. Andarán liados con lo del chico que se largó. Gran tipo.- se dio la vuelta para coger algo de la mesa, que resultó ser “un cigarrilo casero”, como decía mi abuela.- Perdónala… o también puedes agradecérselo.

Y dicho eso, abrió la puerta de lo que debía ser el baño y la cerró tras de si, dejándome con mil preguntas en la punta de la lengua.

=OUT=
Lucien nos abandona, y yo traigo a Jaden (nombre unisex… sí, me molan estos nombres xD). No la violéis… y estas cosas.
Por cierto, ayer pensé un poco sobre el tiempo que había transcurrido en el RPG, y pondremos que más o menos tres semanas, entre pitos y flautas.
Nada más~

Jaden - 2007-09-14

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Sankt Fremont es un reformatorio de Alemania, en el cual residen jóvenes de doce a diecisiete años con actitudes inapropiadas. Asisten a clase de lunes a viernes, tienen cita semanal con psicólogos y tienen una enfermería preparada para asistirles las 24 horas del día. También consta de una dura vigilancia que no dudará en apalizar al primer chico que intente escaparse, encerrar a aquellos que se porten mal durante días en una cámara oscura sin ventilación, cambiar cosas que puedan interesar a los internos por sexo, y un sin fin de métodos prohibidos. Sankt Fremont, necesitado de dinero, forma parte de la lista para una jugosa subvención, y para conseguirla, ha decidido lavarse la imagen. ¿Sólo fachada? ¿Realidad? Descúbrelo.

Para ver en que habitación o qué cargo ostenta cada personaje, manten el cursor encima de su foto.

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